Muéstrame las marcas de las tristezas, las cicatrices que te di.
¿A dónde van todas esas promesas que alguna vez hice y no pude cumplir"
Creí merecer más de una... no fui suficiente para vos.
Que desgraciado el tiempo, o quizás que sabio.
Cuán presente está su imagen en mi cabeza.
Los temblores regresaron y quizás un ligero dolor de estómago...
pero sólo eso.
Esta vez, primero raciocinio. Sabía, sé.
Reconozco esta textura suave y seca a la vez. Claro que la reconozco.
La recuerdo.
Es horrible no por su constitución física sino porque estoy y no estoy.
Sé que a mi adolescente le hubiera encantado ese momento.
¡BAH, qué digo encantado, este fue el momento que esperaba todos los días!
Al fin lo dijo, todo:
Perdón, gracias, eres tú, fuiste tú, quizás de más, que desperdicio, perdón.
Al fin lo dijo, después de quien sabe cuantas semanas. Después de quien sabe cuantos años.
Me siento halagada e incómoda.
Halagada, valorada, feliz de escuchar que siempre fui lo que quise ser.
Asustada, saber que no puedo dar nada de mi, que no quiero dar nada de mi.
Todas las palabras dulces que pudiera mencionar parecen caer al precipicio antes de que toquen mi piel si quiera.
"Quiéreme."
"Quiéreme más."
"Por favor, no me dejes de querer."
"No me dejes, quiéreme, yo aún te quiero."
"Yo aún quiero."
"Dilo como si fuera verdad, como si de verdad me quisieras."
"Por lo que eres y por que dentro de mi hay algo, lo sé."
Me parece de momento que es demasiada información.
Escuché acaso, lo que siempre quise escuchar de sus labios, y me niego a dejarlo entrar en mi sistema.
Sostengo sus palabras en el aire, dudando exactamente que hacer con ellas.
Sé que no van en la mitad de mi pecho, donde para mi se alberga el amor. No pertenecen.
Escuché lo que siempre escuchar de sus labios, es sólo que, acaso, ya no era lo que yo quería.
Veintidós.
Frío.
El amanecer fue sólo mío, ella en mi mente, lágrima sólo una corre por mi mejilla.
(Y si te vas, déjame atrás, que no pueda hacerte daño nunca más)
"Es como decir Quédate conmigo."
"Ven, ya ven."
"Sé que es muy egoísta de mi parte, pero no quiero que me dejes."
"Reconozco que las cosas que me gustan son porque las hacías tú."
Para este momento ya no siento ni cosquillas, es sólo distante.
Estoy gélida y tiesa. Mi mente nunca presente, sólo mi cuerpo.
Regreso y juego, juego porque sé que era exactamente lo que siempre quise y hoy,
hoy que sucedió. Resultó que no sentí ya nada... NADA... NADA...
Ahora soy yo la que necesita pedir perdón.