Me equivoqué.
Sí estoy madurando.
Pero eso no tiene que ver.
Creo que mejor -escrito- dicho, entré en un desequilibrio.
Fue la espalda.
FUE LA LUZ.
Y el sello único y propio de el lento movimiento de dos duraznos.
Resguardame, corazón. De que una palabra suya pueda desatar el infierno. EL CALOR.
No hay comentarios:
Publicar un comentario