Soy un mueble.
Eso aprendí en mi primera relación -en serio-
Este no es un miedo, o tal vez es uno.
Cuando él estaba feliz, me adoraba. Me adoraba como nadie.
Me hacía altares. Alto me ponía, era yo una diosa.
Cuando estaba feliz.
Cuando no, no sólo era dudable mi existencia.
Si llegaba a ser certera, era simple la palabra correcta: ignorada.
Cuando no te sentías tan bien, entonces podías rasparme con tu sentimiento.
Estaba tan enamorada... Estaba tan... estúpidamente enamorada...
Así que me convertiste en mueble.
Y yo no dije una palabra...
Soy un mueble, al que adoras en tus días soleados y olvidas el resto del año.
No tengo sentir, no tengo espacio para la guerra de inestabilidad.
Con lágrimas en sus vetas... soy un mueble.
(No entiendo por qué nunca escribo de esto... esta es la primera vez. Esta es la primera vez.)
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