Vamos a encontrar el problema de ayer.
CULPA. No, vamos por partes.
El día brilló, como pocos.
Increíblemente el tiempo era agua que escurría sobre un abrazo.
Todo es sol.
Viento.
Y aves.
Todo está bien.
En su lugar.
En el camino veo como se desvanece la luz.
Estación tras estación.
Trato de agarrarla. Con un beso, trato de que se quede.
Se va.
Y veo palabras escritas que recuerdan mi esencia. Que me evocan indirectamente.
Soy causa, y las consecuencias no me agradan.
(Ahora sí, aquí va) Culpa.
De ser parte de tu infelicidad.
De no ser suficiente.
De ser parte de tu infelicidad.
De ser parte.
De...
Culpa.
Es el momento en que dentro de mis sábanas me siento por unos segundos alegre, de poder sentir culpa. Creí que se había desvanecido en mi.
Pero la culpa no admite la alegría y la esfuma de mi.
Culpa, de ser parte del problema.
Culpa, arrepentimiento, vergüenza, no hay calma. No la encuentro.
No encuentro la calma.
Me duele la cabeza. Está a dos de estallar.
Las lágrimas no paran y yo no estoy hecha para llorar. Sollozo de más.
No me puedo calmar.
No encuentro la calma.
No está.
Les doy un consejo, no lloren hasta el sueño.
Cuando despiertan... se encuentran llenos de lagañas.
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